miércoles, 12 de julio de 2017

Una situación irreversible


"El movimiento migratorio hacia Europa se produce en un momento en el que el viejo continente más lo necesita. En primer lugar, porque la población europea (llamémosla histórica, tradicional, autóctona) constituye un porcentaje ínfimo de la Tierra, y, además, la curva demográfica no para de descender. Si Europa pretende mantener su estatus de continente líder, tiene que competir con otras partes del mundo, que disponen de tecnologías punta, eficaces y altamente rentables. Y dentro de este panorama, tenemos una Europa que no sólo "se encoge", por así decirlo, sino que también envejece a marchas forzadas. En vista de ello, si quiere mantenerse en su tradicional puesto de líder en el ámbito industrial, agrícola y de servicios, tiene que importar mano de obra. Una mano de obra joven y capaz. Ésta es la condición de su supervivencia en el siglo XXI. Los movimientos derechistas xenófobos y neonazis no comprenden que, en su guerra contra la inmigración, "cortan la rama" (como se dice en polaco) sobre la que se sostiene su existencia. También ellos tendrán que comprender que sin esa inyección constante de mano de obra joven Europa no será capaz de competir con otras partes del mundo, tecnológica y demográficamente desarrolladas. De manera que asistimos aquí a una coincidencia de dos necesidades, ambas perentorias: la europea de importar mano de obra y la del Tercer Mundo, obligado a prescindir de su gente más audaz y dinámica, porque sus atrasadas economías son incapaces de emplearla. De modo que esos jóvenes no tienen más remedio que emigrar, y Europa, para satisfacer sus necesidades objetivas, no tiene más remedio que aceptarlos. Incluso debería recibirlos con los brazos abiertos. Así que todos esos movimientos que combaten encarnizadamente la inmigración sólo demuestran que sus militantes y partidarios no tienen ni la menor idea del mundo en que viven. Su actitud (y actuación) va dirigida contra los intereses de las sociedades que dicen defender. Por más que griten, a la larga no tienen nada que hacer, porque es una situación irreversible". 

(Ryszard Kapuscinski, El mundo de hoy, Anagrama, 2004, pág. 173-174)

viernes, 21 de abril de 2017

Otra exiliada

A fines de 1919, doscientos cincuenta extranjeros indeseables partieron del puerto de Nueva York, con prohibición de llegar a los Estados Unidos.
Entre ellos, marchó al exilio Emma Goldman, extranjera de alta peligrosidad, que había estado presa varias veces por oponerse al servicio militar obligatorio, por difundir métodos anticonceptivos, por organizar huelgas y por otros atentados contra la seguridad nacional.
Algunas frases de Emma:
La prostitución es el más alto triunfo del puritanismo.
¿Hay acaso algo más terrible, más criminal, que nuestra glorificada y sagrada función de la maternidad?
El Reino de los Cielos ha de ser un lugar terriblemente aburrido silos pobres de espíritu viven allí.
Si el voto cambiara algo, sería ilegal.
Cada sociedad tiene los delincuentes que merece.
Todas las guerras son guerras entre ladrones demasiado cobardes para luchar, que mandan a otros a morir por ellos.
(Eduardo Galeano, Mujeres, Siglo XXI, Madrid, 2015)


lunes, 3 de abril de 2017

¿Qué somos?



Una y otra vez se repite la misma historia. Un hombre joven deja un país del África subsahariana en dirección a Europa. Atraviesa el Sahel y el Sáhara a pie y en camión, de frontera en frontera, durante meses. Pasa miedo, padece hambre, le aprieta la sed y ve morir a muchos de sus compañeros. Pierde jirones de carne en las alambradas de Ceuta o Melilla o se arriesga a naufragar cruzando el Estrecho en una embarcación frágil. Ya en España, acaba recogiendo chatarra o vendiendo baratijas en las calles de cualquier ciudad. En 2015, la policía de Barcelona acosa a los vendedores ambulantes «ilegales» para expulsarlos del centro. Los manteros se manifiestan por la Rambla, en dirección al Ayuntamiento, con la esperanza de que alguien importante les reciba. Uno de ellos porta un eslogan garabateado con un rotulador sobre una hoja de libreta. Le han bastado dos palabras: «Somos mierda». (Del libro Historias de la historia pequeña de Barcelona, editorial Incorpore)