domingo, 22 de noviembre de 2015

Yo y el Otro

«El nacionalista considera a su pueblo […] como el valor supremo y a todos los demás como algo inferior (cuando no digno de desprecio). Al igual que el racismo, el nacionalismo es un instrumento de identificación y clasificación que mi Otro emplea en todas las ocasiones que se le presentan. Se trata de un instrumento primario, primitivo, que achata y superficializa la imagen del Otro, pues para el nacionalista el Otro no tiene sino un único rasgo: su adscripción a una nación. No importa si es joven o viejo, tonto o sabio, bueno o malo; sólo importa una cosa: si es armenio o turco, inglés o irlandés, marroquí o argelino. Cuando vivo en aquel mundo de nacionalismos exacerbados, no tengo nombre, ni profesión, ni edad; no soy más que un polaco. En México, los vecinos me llaman “el polaco” y en Yakustk, la azafata que me llama por megafonía grita el nombre de mi país en ruso: Polsha! […]  El rasgo más peligroso del nacionalismo es que a él va indisolublemente unido el odio hacia el Otro. La dosis de ese odio puede variar, pero su concurrencia es segura.» (Ryszard Kapuscinski, Encuentro con el Otro, Editorial Anagrama, Barcelona, 2007, pág. 91-92)


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