lunes, 10 de noviembre de 2014

Armonía, pacifismo, tolerancia

«Los papiones de la sabana tienen reputación de fieros. No es la clase de primates de los que uno esperaría que sigan la senda del flower-power, pero esto es justo lo que ocurrió con un grupo del Masai Mara, en Kenia. Cada día, los machos de un grupo estudiado por el primatólogo norteamericano Robert Sapolsky se abrían paso por el territorio de otro grupo para acceder al vertedero de un albergue turístico cercano. Sólo los machos más grandes y duros se salían con la suya. El botín bien valía la pena, hasta que un día se tiró a la basura una partida de carne infectada de tuberculosis bovina, que mató a todos los papiones que la comieron. Esto supuso que el grupo estudiado perdiera de golpe buena parte de sus machos, y no unos machos cualesquiera, sino los más agresivos. Como resultado, el grupo se convirtió en un improbable oasis de armonía y paz en el duro mundo de los papiones.
Esto es poco sorprendente en sí mismo. El número de incidentes violentos en el grupo descendió de manera natural una vez desaparecidos los matones. Más interesante es que esta paz se mantuviera durante toda una década, aunque para entonces no quedara ninguno de los machos del grupo original. Los papiones machos emigran tras la pubertad, de manera que los grupos reciben machos de refresco continuamente. Así pues, a pesar de un recambio completo de sus machos, este grupo concreto mantuvo su pacifismo, su tolerancia, su frecuencia aumentada de acicalamiento y su nivel de estrés excepcionalmente bajo. […] Dos conclusiones principales de este experimento natural son meridianamente claras: las conductas observadas en la naturaleza pueden ser producto de la cultura, y ni los primates más fieros tienen por qué comportarse siempre de la misma manera. Puede que esto se aplique también a nosotros.»
Frans de Waal: El mono que llevamos dentro, Tusquets Editores, Barcelona, 2007.


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