lunes, 26 de diciembre de 2011

Etnocentrisme

Les ONG estan disposades a exportar tots els “èxits” d’Occident a l’Àfrica. Se senten molt orgulloses del que es fa a la seva societat d’origen i creuen que tothom hauria de fer el mateix. Hi ha grups que difonen entre els africans invents occidentals tan discutibles com el clown, el vegetarianisme o el catolicisme més reaccionari. Ho fan convençuts que estan fent-los un gran favor.

A l’Àfrica també hi ha coses que valen la pena. A moltes ciutats hi ha taxis col·lectius; constitueixen un mitjà de transport molt més ecològic que els taxis europeus o nord-americans; molt més flexible que els autobusos, perquè et deixen a la porta de casa; molt més pràctic que el metro, perquè fins i tot els pots utilitzar per fer mudances; molt més divertit que el tramvia, perquè la gent hi sol petar la xerrada i fer bromes... Però no hi ha cap ONG de taxistes col·lectius africans que es dediqui a “capacitar” els occidentals perquè usin el seu invent.

A les esglésies de l’Àfrica Central s’hi canta l’ntonove, un cant coral que s’acompanya de tambors i de xilòfons. Les misses, en aquesta part de l’Àfrica, desperten passions: duren hores i hores, i sempre estan plenes (a diferència de les misses a Europa). Potser estan plenes perquè a la gent li agrada sentir l’ntonove, i veure com les membres del cor ballen al temple, movent rítmicament els seus plomalls de coloraines. Els africans no han intentat exportar l’ntonove a Occident, però a l’Àfrica hi han arribat joves cristians europeus amb guitarres que han intentat introduir-hi l’avorrida música religiosa moderna occidental.

Hi ha moltes coses que els africans aprecien molt, i que ells pensen que són de gran utilitat: el vi de palma, els trobadors anomenats mot mvet, les discoteques amb un gran mirall a la paret perquè tothom pugui mirar-se mentre balla, les cerveses de 66 centilitres, la carn de serp... Però no sembla que tinguin cap necessitat de convèncer la resta del planeta perquè adopti els seus costums.

[…] Els organismes de cooperació no estan disposats a admetre que hi ha una Àfrica que sap el que vol, i a la qual no cal “orientar” ni “ensenyar”. Una Àfrica que ja té els seus propis models sanitaris, arquitectònics, culinaris, jurídics i educatius, i que té dret a triar el seu futur. El problema de fons és que bona part dels directius i socis de les ONG encara creuen que hi ha un sol model de desenvolupament, i que és el seu. Als europeus els encanta la cooperació mitjançant projectes, perquè canalitza la prepotència occidental i reforça els estereotips existents: els occidentals ho saben fer tot i són tan bons que ensenyen els africans com fer-ho. I si els africans no es desenvolupen és perquè són tan gamarussos que no volen aprendre. Amb aquesta actitud, mai no es podrà treballar seriosament per al futur de l’Àfrica.

Gustau Nerín, Blanc bo busca negre pobre. Crítica de la cooperació i les ONG

martes, 29 de noviembre de 2011

12 euros

Las gentes solidarias tenemos un gran defecto y una gran virtud. El defecto es que [todavía] somos cuatro gatos, si se nos compara, por ejemplo, con los aficionados al fútbol o los adictos al consumismo, que tienen una asombrosa capacidad para movilizarse en masa cada dos por tres (aunque, total, para nada...). La virtud es que, como trabajamos en equipo, logramos grandes cosas. Veamos un caso concreto. Los días 30 de noviembre y 1 de diciembre el Banco de los Alimentos de Cataluña realizó una colecta de alimentos con la intención de superar la cantidad de comida de la campaña de 2011 (1.050.000 kg). Pues bien, no se puede decir que hayamos batido la marca, no, no, de hecho la hemos pul-ve-ri-za-do, la hemos hecho fosfatina (2.400.000 kg). Con lo almacenado hay para abastecer los comedores sociales y dar lotes semanales a quienes los solicitan durante tres meses. Ya ves, cuando nos ponemos somos buenos. Como andamos buscando nuevos fichajes para el equipo solidario, te recordamos que hay bancos de alimentos por toda España y hambre, en todo el planeta. De hecho, la mal-nutrición de nuestro entorno es una minucia si la comparamos con la DES-nutrición de otras partes del mundo. Cinco millones de niños están en riesgo de perecer en este preciso instante, cuando un tratamiento completo con el alimento terapéutico Plumpy’Nut cuesta sólo 12 euros. Sí, sí, solamente 12 euros. 12 euros de mierda.

domingo, 25 de septiembre de 2011

¿Manduca caduca?

Los alimentos que tiramos cada año los europeos y los norteamericanos podrían alimentar tres veces a los hambrientos del mundo. En el vertedero, producen gases de efecto invernadero equivalentes a la mitad de los que emiten todos los coches de la Tierra. Revertir esta situación requiere de la ayuda de todos. Mira si no lo que hacen estos activistas: clic.


viernes, 22 de julio de 2011

Imperialismo humanitario

Clic. Para saber más: Jordi Raich, El espejismo humanitario + Gustau Nerín, Blanc bo busca negre pobre.


martes, 24 de mayo de 2011

Indignos e indignados


“Alrededores de Sevilla, invierno de 1936: se acercan las elecciones españolas.
Anda un señor recorriendo sus tierras, cuando un andrajoso se le cruza en el camino.
Sin bajarse del caballo, el señor lo llama y le pone en la mano una moneda y una lista electoral.
El hombre deja caer las dos, la moneda y la lista, y dándole la espalda dice:
En mi hambre, mando yo.”

(Si te ha gustado el relato, no te pierdas esta entrevista con su autor: clic.)

jueves, 17 de febrero de 2011

Venecia Lonis



Tiene nombre de artista y un cuerpecito desnutrido, famélico. Nació en Haití y en sus cuatro años no ha conocido ninguna alegría, sólo hambre y enfermedad.


Si sólo nos fijáramos en la sombra de la niña, pensaríamos que se trata de una marioneta colgada de una percha, a la espera de la próxima actuación. La sombra del artilugio de madera del que parece suspendida evoca, sin embargo, las formas de una horca. En realidad no es una marioneta, ni una ahorcada; se trata de una cría de cuatro años severamente desnutrida que está siendo pesada en un hospital de Puerto Príncipe (Haití). Separada unos centímetros del suelo, eleva los brazos como un pájaro enfermo levantaría un par de alas inhábiles, mientras observa con un temor neutral al equipo médico. Llama la atención el lazo amarillo que lleva en la cabeza: un signo de coquetería extraño en una situación desesperada.


Y algo de marioneta tiene, pues quién me dice a mí que no la he sacado del armario (o del archivo) para cubrir mi cuota anual de artículos sobre el hambre en el mundo. No digo que se trate de una cuota consciente, pero si hago cálculos resulta que escribo dos o tres al año, con cierta regularidad, al modo del que administra otras tantas dosis periódicas de mala conciencia. Y también tiene algo de ahorcada, pues su vida pende de un hilo a punto de romperse. La niña se llamaba (quizá se llame todavía, la foto es de noviembre de 2008) Venecia Lonis, un nombre con el que habría hecho fortuna en cualquier sitio. Vienes al mundo con ese nombre en Nueva York, en Londres o en Berlín y tienes hecha media carrera de escritora, de arquitecta, de jefa de protocolo o de poeta maldita. Pero en Haití te llamas Venecia Lonis y como si lloviera. Perra vida.


(Juan José Millás, El País Semanal, 29 de marzo de 2009. Fotografía de Ramón Espinosa)