martes, 4 de agosto de 2009

Microdonaciones

En 1974, Bangladesh padeció una terrible hambruna. Muhammad Yunus, profesor universitario de Economía, vio morir de hambre por las calles a miles de sus conciudadan@s. Para poder subsistir, much@s de los que no perdieron la vida se vieron obligados a pedir dinero a prestamistas que les exigían intereses abusivos. Yunus se escandalizó al ver cómo una campesina tomaba prestado menos de un dólar a condición de que el prestamista se quedase con el derecho en exclusiva a comprar todo lo que ella produjera al precio que él decidiera. De la indignación ante semejante forma de esclavitud nació en 1983 el Grameen Bank.

El Grameen Bank presta hoy pequeñas sumas de dinero a personas pobres que necesitan comprar semillas o animales de granja, iniciar un negocio, construir una casa... A pesar de que no se les exigen avales, estas personas pagan y resarcen los préstamos puntualmente en el 99% de los casos. La idea del microcrédito ha sido exportada a otros muchos países del Tercer Mundo y también al mundo rico, incluidos los mismísimos Estados Unidos, en un caso de transferencia de sabiduría del mundo “pobre” al “rico” que constituye una sonora bofetada en la cara de nuestro trasnochado paternalismo occidental.

Esta vez vamos a dedicar 40 euros a cofinanciar los proyectos de un par de emprendedores sin recursos. Como Thuy, una peluquera vietnamita de 24 años que solicita ayuda a través de la página web babyloan.org para hacer un curso de maquillaje y poder ofrecer un mejor servicio a sus clientas. Cuando recuperemos este capital (no es caridad, son préstamos que nos serán devueltos), lo reinvertiremos en otros proyectos, y así hasta el infinito...

(Hazlo posible, Babyloan y Kiva son plataformas virtuales que tienden puentes entre quienes tienen capital y quienes lo necesitan. ¿Deseas ayudar a hacer viables pequeños negocios en países en vías de desarrollo mediante micropréstamos? No dejes de visitar estas páginas web.)