jueves, 4 de septiembre de 2008

Campesinos que luchan por la vida

“El 11 de agosto de 2004, Kistaiah miró al cielo sin nubes y se desesperó. Desde el año 2000 se había endeudado cada vez más, porque las lluvias se habían vuelto erráticas y el agua subterránea había desaparecido. Trataba de cultivar arroz y pidió dos préstamos para perforar y buscar agua. […] Perforó tres veces en su terreno y no la encontró. La segunda semana de agosto, las lluvias aún no habían llegado y sus cultivos se morían. Esa noche, mientras todos dormían, Kistaiah se levantó y tomó un pequeño paquete de plástico del estante, una bolsa de colores alegres, verde y blanca, como la bandera de la India, y un estampado de fotos de perfectas hortalizas en el fondo, que, en vez la rueda de carro en el medio, mostraba un rombo rojo y blanco con una inscripción que decía “veneno”. Llenó una taza con el contenido, lo disolvió en agua y lo bebió. Luego se acostó junto a Parvathi. […] Murió sin despertar a su mujer y sus dos hijos. Siguiendo un ritual de dolor, la viuda, Parvathi, se afeitó la cabeza el 12 de agosto de 2004. […]

Hablaba con Sheshar Reddy, el líder de un movimiento de agricultores en Karnakata, acerca de los precios de los cultivos, cuando descubrió que yo estaba interesado en los suicidios de los agricultores. “Mi hijo se suicidó –dijo–. Era un buen chico, siempre estaba ayudando a otras personas con nuestro tractor. Pero estaba preocupado por la posibilidad de no casarse.” […] Uno debía escuchar con mucha atención para oír el bajísimo sonido de la voz de Reddy. “Yo también he pensado a menudo en matarme –añadió–. Si no fuese por el movimiento de agricultores, creo que lo haría”. Reddy es el presidente de la Asociación de Agricultores del estado de Karnakata (KRRS), uno de los colectivos más grandes del mundo, que […] ha reducido drásticamente las tasas de suicidio.”

Raj Patel, Obesos y famélicos, Los libros del lince, Barcelona, 2008, pág.32 y 40-41.

Según datos de la OMS, un millón de personas se suicidan cada año en el mundo, la mayor parte en países “ricos”. En el Tercer Mundo, son los campesinos los que se llevan la peor parte. Abrumados por los préstamos, por los precios a la baja de las cosechas, por la subida de carburantes, pesticidas, herbicidas y semillas, habiendo de hacer frente a las consecuencias del cambio climático..., muchos se desesperan y no aguantan. Los movimientos de agricultores, que apoyan día a día a los campesinos (con ayuda material, con asesoramiento, con cursos de formación...), se han empeñado en una lucha sin cuartel contra esta plaga de muertes prematuras.

Vía Campesina es un colectivo global que representa a 150 millones de agricultores. KRRS forma parte de Vía Campesina, como también el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra Brasileños, la Unión Nacional de Agricultores de Canadá, la Asociación de Mujeres Coreanas Agricultoras, La Confederación Campesina de Francia y la Unión Nacional Campesina de Mozambique, entre otras muchas organizaciones

¿Qué haríamos sin la Cruz Roja?

Enmedio de la tragedia que supone la llegada de pateras y cayucos a nuestras costas, conforta ver que al menos siempre hay una mano amiga tendida hacia quien desembarca con el miedo en el alma. Manos amigas como esa no han faltado jamás en guerras y catástrofes, gracias a los miembros de la Cruz Roja, desde que, en 1859, el empresario suizo Henry Dunant, horrorizado ante el espectáculo de los moribundos de Solferino, abandonados a su suerte en el campo de batalla, movilizase a los civiles de los alrededores para prestar auxilio entre todos como buenamente pudieron.

Hoy, la Cruz / Media Luna Roja tiene en el mundo más de 100 millones de voluntari@s (15.000 de ell@s, en Cataluña –además de 170.000 soci@s–), que trabajan animados por un espíritu de humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariedad y universalidad. ¡Ah!, ¿qué sería de nosotr@s sin su ayuda altruista?

(Esta vez hemos hecho un ingreso de 30 euros a través de una cuenta bancaria cuyo número figura en la web de la Cruz Roja Española: clic.)