sábado, 2 de agosto de 2008

Hacer realidad el sueño de un niño

Entrevista a Iñaki Orive, fundador de la Fundación Pequeño Deseo (Imma Sanchís, La contra de La Vanguardia, 30/07/2008)


Tengo 40 años. Nací y vivo en Madrid. Licenciado en Empresariales. Separado y con dos hijos, un niño de 10 años y una niña de 8. Tengo una compañía de gestión de contenidos multimedia para público infantil, juvenil y familiar. Soy un liberal, creyente y seudopracticante

¿Cómo empezó todo?
La idea ya existía. Cuando vivía en Los Ángeles colaboraba con dos compañías de referencia que se dedicaban a realizar deseos de niños con enfermedades crónicas o terminales.

¿Pero de dónde venía su inquietud?
De mis padres. Desde niño los he visto agradecer su suerte y sus posibilidades y corresponder ayudando.

¿Qué le atrajo de ese proyecto?
No curaban, no alimentaban, no educaban, simplemente entraban en la vida de un niño con unas circunstancias de vida cotidiana muy duras, le concedían un deseo, y luego se marchaban.

Algo así como ser un hada madrina.
Sí, pero lo que ocurre es que el efecto del deseo perdura. El Colegio de Psicólogos norteamericano hizo un estudio que demuestra que todo ese proceso alivia la enfermedad del niño y la carga del entorno.

¿Y quince años después decidió aplicarlo en España?
Sí, formé el patronato con la Asociación Española de Pediatría y con el padre Ángel, que lleva un montón de años ayudando a ancianos y niños. La financiación inicial partió de los cinco amigos más cercanos del sector.

¿Cuál fue el primer deseo?
Fue en el año 2000. Daniel, un niño de Madrid, quería ser bombero por un día. Le hicieron un casco a la medida de sus 4 años, le regalaron un uniforme, le enseñaron todas las instalaciones, le montaron en un camión, pudo hablar por radio, manejar la grúa e incluso subió en helicóptero. El cuerpo de bomberos se volcó.

¿Y cómo está hoy Daniel?
Cinco años después se hizo socio de la fundación para poder ayudar a otros niños a vivir una experiencia como la suya.

¿Qué otras cosas desean los niños?
Ser algo por un día (policía, princesa, veterinaria o la Bella Durmiente en un descapotable rosa); tener algo, ir a conocer algún lugar, o conocer a alguien: desde un jugador de fútbol hasta Spiderman o Blancanieves.

¿Y consiguieron convocar a Blancanieves y los siete enanitos?
Hablamos con Disney y conseguimos actores y la réplica perfecta de los vestidos. Lo hicimos en Barcelona, un particular nos prestó su finca, que decoramos como en la película. Cuando el niño llegó, no se lo podía creer. Estos deseos son fantásticos porque son como sueños.

Sin duda inolvidables.
También tuvimos el caso de un niño que quería ser princesa y fuimos al palacio Real y paseó en carroza.

A usted, ¿qué deseo le ha conmovido?
Por su sencillez, el de una niña de Valencia de 12 o 13 años que quería pasar una mañana en la peluquería y que la pusieran "muy, muy guapa". Hablamos con estilistas y salones de belleza; es muy gratificante ver cómo la gente se vuelca y el deseo acaba convirtiéndose en algo más grande incluso de lo que nosotros mismos imaginábamos. Todo es sorprendente y emotivo.

Imagino que muchas televisiones les habrán ofrecido hacer un programa.
Sí, pero siempre hemos tenido claro que la intimidad del niño es sagrada, y que con el abrazo al futbolista o su día con Batman no se comercia.

¿Quién solicita el deseo?
Tenemos una presencia permanente en los grandes hospitales de España, pero al principio, cuando íbamos a explicarles quiénes éramos, nos encontrábamos con cierta desconfianza.

¿Por parte de los familiares?
Sí. "Realizáis el deseo de mi hijo sin que yo tenga que pagar nada -nos decían-. De acuerdo, ¿pero de qué tendré que hacerme socio, qué enciclopedia deberé pagar a plazos?". Viven una realidad tan dura, que les sorprende que alguien les ofrezca algo sin pedir nada a cambio. Hoy lo que más funciona es el boca-oreja.

¿Y los niños sospechan algo?
Cuando nos llaman los padres, los médicos o las enfermeras para que atendamos a un niño, va alguien de la organización haciéndose pasar por enfermero o enfermera y, hablando con el niño, averigua cuál es su deseo, y la sorpresa se mantiene hasta el final.

¿Ha aprendido algo en estos seis años?
Me abruma la tremenda gratitud de los padres. Más del 80% de los casos que atendemos son niños con cáncer, y muchos de ellos, para tratarlos, deben estar en un hospital de referencia lejos de casa.

La familia debe dividirse.
Sí, uno de los progenitores ha de permanecer en el hospital mientras dura el tratamiento, que suele ser largo. Son casos ejemplares de entereza y de voluntad. Y es increíble ver lo alegres que pueden ser esos niños sabiendo cuál es su realidad. También me ha sorprendido muchísimo la gran corriente de solidaridad que hay en España. Permítame que le cuente un caso reciente.

...
El deseo de Jaime, de 6 años, con leucemia, quería ser policía. Contactamos con la DGP y se volcaron en el caso. Un policía se presentó en casa de Jaime, al que acabábamos de regalarle un traje de policía: "¡Vengo a buscar al policía Jaime!"... Y se lo puede imaginar: fue de patrulla con todos los coches, voló en helicóptero... Fue un día tan intenso, que de vuelta a casa se durmió. Cuando se despertó, le preguntó a su madre: "Mamá, ¿lo he soñado o he sido policía?".


La Fundación Pequeño Deseo sólo pretende hacer muy, muy feliz durante un día a un niño que sufre una enfermedad crónica o de mal pronóstico, pero con ese gesto consigue aliviar a la familia, alegrar la dura vida de los hospitales y, en muchos casos, devolver la esperanza y la ilusión a personas que viven situaciones tan duras e injustas como la enfermedad de un niño. Se trata de un deseo particular, niño a niño, jamás montan un grupo para enviarlos a Disneylandia. Se financian con aportaciones privadas, empresas y particulares, y cada seis meses publican un boletín en el que las personas que han colaborado con su tiempo, con un euro o con 100.000 pueden ver el fruto de su esfuerzo.

(Esta vez nuestra aportación ha sido de 20 euros: clic.)

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