viernes, 1 de agosto de 2008

El tren de los milagros

"El tren de los milagros". Así le llaman los más pobres, porque cambia la vida de aquellos a quienes acoge. El Lifeline Express es un hospital sobre raíles que recorre la India profunda. En sus vagones, los pasajeros son, en realidad, enfermos que necesitan ser operados y no tienen dinero para pagar una intervención quirúrgica.

Aunque la economía india ha crecido a un promedio anual del 9% en los últimos tres años, el sistema sanitario apenas sí ha mejorado. Hay 1,5 camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes, muy por debajo de las tres o cuatro de otros países en desarrollo como Brasil, China o Suráfrica, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Además, el 70% de la población que vive en el campo no tiene hospitales cerca o no puede pagar por sus servicios.

Por eso, el paso de este tren es la única esperanza para muchos campesinos. "Las operaciones que se hacen aquí son sencillas y de rápida recuperación, pero ayudan a mejorar significativamente la calidad de vida", sostiene uno de los cirujanos voluntarios, Tirumala Prasad. Se realizan cuatro tipos de cirugías: cataratas, problemas auditivos, deformidades causadas por la poliomielitis y reparaciones de labios leporinos y paladares abiertos.

"El Lifeline Express está equipado como cualquier hospital que cuente con equipo moderno y tiene la ventaja de que se puede trasladar de un lugar a otro para ayudar a más gente", explica el jefe de operaciones, R. S. Vishwen. "Además", añade, "cada parada dura unas tres semanas". EL PAÍS lo visitó en Vizianagaram, una ciudad costera del Estado de Andhra Pradesh, al sureste de India. Allí, cientos de personas de todas las edades esperaban su llegada en tiendas de campaña. Habían llegado desde las cercanas aldeas y, previamente, eran revisadas por voluntarios que decidían quiénes podían subir al tren, unas cien al día.

"No tengo dinero para pagar la operación, pero, aunque lo tuviera, recuperar la vista no se paga con nada". Así se expresa D. Chinnayya, un peón de 60 años que sufre de cataratas y que, desde hace un año, no puede trabajar porque le echó su patrón. "Me dijo que ya no servía para nada", explica nervioso.

A Chinnayya le ha llamado una enfermera para que suba al tren. En un minuto le han puesto una bata de hospital y le han acostado en una de las tres planchas o mesas de operaciones que tiene uno de los dos vagones convertidos en quirófanos. Este tipo de cirugía se hace en serie. En India, las cataratas constituyen un mal muy común entre los mayores de 55 años. Se debe principalmente a causas genéticas y se agrava por la malnutrición y la contaminación, según explica el oftalmólogo R. Raju.

"Los pacientes creen que es magia: al día siguiente de ser operados pueden ver. Todos quedan muy agradecidos, uno hasta me ha llamó Dios", cuenta Raju. En el espacio de 15 minutos ha operado a dos personas. "Todo consiste en remover el cristalino, que se ha opacado, implantar una lente y listo". El oftalmólogo asegura que en sus 25 años de profesión ha realizado ya esta pequeña operación unas 30.000 veces.

En el otro vagón de operaciones, que tiene sólo dos planchas, los tipos de intervención varían. Ese día tocaba el turno al labio leporino. Ahí estaba Radha, de 20 años. "Al fin mi rostro dejará de estar deforme y podré salir a la calle sin vergüenza", decía. El labio leporino ha marcado su vida: sus padres la sacaron de la escuela a los 10 años y le impiden salir de casa porque en la calle le miran con horror.

Pero no todas las historias tienen un final feliz. La demanda de este tipo de servicios es tanta, que el tren no da abasto, por lo que no queda más remedio que rechazar a pacientes. Es el caso de Deepa, un bebé de apenas seis meses al que su abuelo, un viejo sastre, le llevó a operar del labio. "No se le puede operar porque tiene una severa desnutrición", le dijo uno de los encargados de elegir a los pacientes.

Al igual que el oftalmólogo R. Raju, que normalmente trabaja en una ONG, la mayor parte de los médicos del Lifeline Express en Vizianagaram son voluntarios que sólo reciben agua, té y el almuerzo. El resto, 10 doctores y 12 enfermeras, fueron enviados por los hospitales del Gobierno en los que trabajan.

En cada parada del tren hospital, que no lleva equipo médico, se recluta "a los mejores" del lugar. En el caso de Vizianagaram fue el club de rotarios quien facilitó el transporte de las personas de las aldeas al tren. Dos hospitales, uno del Gobierno y uno privado, cedieron parte de sus camas para que los recién operados se recuperaran allí.

La coordinación entre Gobierno, empresas privadas y ONG internacionales y locales es precisamente el mayor logro del tren, según el jefe de operaciones. La iniciativa es de la ONG internacional Impact India Foundation, que se dedica a luchar contra las discapacidades que se pueden evitar. Hasta ahora, con las operaciones del tren hospital se han mejorado casi medio millón de vidas.

(Artículo publicado en El País: clic)

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