viernes, 23 de marzo de 2018

Estoy cansada de toda esta mierda

«Tengo quince años y siento que las niñas de mi edad están bajo una gran presión que los chicos no tienen. Sé que soy inteligente, sé que soy amable y divertida, y sé que todos los que me rodean no dejan de decirme que puedo ser lo que quiera. Sé todo esto, pero la verdad es que no me siento así. Siempre siento que si mi aspecto físico no es el que debería ser, si los chicos no piensan que soy sexy o que estoy buena, entonces habré fracasado y ni siquiera importará si soy médica o escritora, porque seguiré sintiéndome un cero a la izquierda. Odio sentirme así porque me hace parecer superficial, pero sé que todas mis amigas se sienten así, incluso mi hermana pequeña. Siento que a las mujeres triunfadoras solo se las considera así si son triunfadoras y además tías buenas, y me preocupa constantemente no poder llegar a serlo. ¿Y si mis tetas no crecen? ¿Y si no tengo un cuerpo perfecto? ¿Y si mis caderas no se ensanchan para que me quede una cinturita? Si no pasa ninguna de estas cosas, no le veo el sentido a hacer nada porque no seré más que la chica gorda y fea, independientemente de si al final soy médica o no.
Desearía que la gente pensara en cómo está presionando a todo el mundo, no solo a las adolescentes, sino incluso a gente más mayor… Cada día veo a mi madre destrozar su cuerpo porque tiene las tetas caídas y la piel arrugada, se siente fea a pesar de que es una mujer increíble, pero de todas formas siento que no puedo juzgarla porque yo me estoy haciendo lo mismo. Ojalá que la gente que tiene de verdad el poder y que controla las imágenes y los mensajes que recibimos a cualquier hora del día, realmente pensara por una vez en lo que hacen.
Sé que las chicas de la Página 3 [página del tabloide británico de 'The Sun' que muestra a modelos femeninas semidesnudas] probablemente se maten de hambre. Sé que las chicas de los anuncios están retocadas. Sé que la belleza está en el interior. Pero, aun así, siento que no soy lo bastante buena.»

«Estoy harta de volver caminando de la universidad a casa a las seis de la tarde y que me acosen todos los días, desde gente que te grita cosas o te dice por gestos que le hagas una mamada desde el coche, porque piensan que son graciosos o que debería sentirme halagada, a gente que hace ruidos de besos por la calle al pasar, o que me grita “puta” o “enséñame las tetas”. ¿Halagador? ¿Cómo podría serlo? Cada vez que camino hacia casa estoy a punto de echarme a llorar.Cuando voy a una discoteca, independientemente de si llevo algo discreto o algo que la sociedad considere que es de “guarra”, alguien me agarrará y pensará que lo encuentro atractivo por haberlo hecho, o que debería tomármelo como un cumplido. Me acabo sintiendo violada, y como si la culpa fuese mía. ¿Por qué habría de ser mi culpa? ¿Porque soy una mujer? ¿Por cómo voy vestida? ¿Porque debería esperármelo?
Estoy cansada de que mis opiniones pierdan autoridad a causa de mi género. Estoy cansada de que un hombre me explique que estoy exagerando, cuando él no tiene ni idea de lo que se siente. Estoy cansada de que, cuando algo me molesta, me digan que soy una zorra prepotente, o que debo tener la regla. Estoy cansada de que me llamen puta porque tengo relaciones sexuales o porque no las tengo y rechazo las insinuaciones de algún hombre en una discoteca. Estoy harta de tener que vigilar mi comportamiento, lo que visto, lo que bebo, dónde voy y tener que ser sumamente cuidadosa para evitar acosos o situaciones peores, puesto que van a ocurrir haga lo que haga. Estoy harta de ver cómo echan la culpa a las mujeres que han sido violadas, que deberían haberlo visto venir, que no deberían haber bebido tanto, que no deberían haber ido así vestidas, que lo podían haber prevenido, que no gritaron lo suficiente, que no batallaron lo bastante fuerte.
¿Cómo puedo creer a la gente que dice que las mujeres tienen los mismos derechos cuando el peor insulto que se le puede hacer a un hombre es llamarle mujer, femenino, coñito, niñita, conchudo, que necesita “ser un hombre”…, la lista es interminable. Mi género no es un insulto. Estoy cansada de toda esta mierda.»

«Cuando era adolescente probablemente hice un montón de comentarios sexistas. Recuerdo hacer y reírme de chistes sobre violaciones. Al echar la vista atrás, me doy cuenta de que era aborrecible y de que al hacerlo permitía que la cultura de las violaciones causara estragos. No fui a una universidad normal, sino a una escuela de cine canadiense, donde tuve el honor de conocer a un grupo de mujeres procedentes de todas partes del mundo que me ayudaron y me convirtieron en mejor persona. A medida que me acercaba a estas mujeres como amigo, escuché muchísimas historias no solo de acoso sexual, sino de agresión. Me hervía la sangre, pero me hicieron darme cuenta de que yo formaba parte de aquella cultura. Quería ser parte de la solución; el padre que le dice a su hijo “no violes” en vez de hacer que la responsabilidad recaiga en las mujeres. Poco a poco fui accediendo al pensamiento feminista y ahora puedo decir con orgullo que soy feminista.»

(Testimonios recogidos por Laura Bates en su libro Sexismo cotidiano, Capitán Swing Libros. Laura Bates es una periodista y escritora británica, activista feminista y creadora de la página web Everyday Sexism Project)

lunes, 7 de agosto de 2017

Los justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


Jorge Luis Borges, La cifra, 1981



miércoles, 12 de julio de 2017

Una situación irreversible


"El movimiento migratorio hacia Europa se produce en un momento en el que el viejo continente más lo necesita. En primer lugar, porque la población europea (llamémosla histórica, tradicional, autóctona) constituye un porcentaje ínfimo de la Tierra, y, además, la curva demográfica no para de descender. Si Europa pretende mantener su estatus de continente líder, tiene que competir con otras partes del mundo, que disponen de tecnologías punta, eficaces y altamente rentables. Y dentro de este panorama, tenemos una Europa que no sólo "se encoge", por así decirlo, sino que también envejece a marchas forzadas. En vista de ello, si quiere mantenerse en su tradicional puesto de líder en el ámbito industrial, agrícola y de servicios, tiene que importar mano de obra. Una mano de obra joven y capaz. Ésta es la condición de su supervivencia en el siglo XXI. Los movimientos derechistas xenófobos y neonazis no comprenden que, en su guerra contra la inmigración, "cortan la rama" (como se dice en polaco) sobre la que se sostiene su existencia. También ellos tendrán que comprender que sin esa inyección constante de mano de obra joven Europa no será capaz de competir con otras partes del mundo, tecnológica y demográficamente desarrolladas. De manera que asistimos aquí a una coincidencia de dos necesidades, ambas perentorias: la europea de importar mano de obra y la del Tercer Mundo, obligado a prescindir de su gente más audaz y dinámica, porque sus atrasadas economías son incapaces de emplearla. De modo que esos jóvenes no tienen más remedio que emigrar, y Europa, para satisfacer sus necesidades objetivas, no tiene más remedio que aceptarlos. Incluso debería recibirlos con los brazos abiertos. Así que todos esos movimientos que combaten encarnizadamente la inmigración sólo demuestran que sus militantes y partidarios no tienen ni la menor idea del mundo en que viven. Su actitud (y actuación) va dirigida contra los intereses de las sociedades que dicen defender. Por más que griten, a la larga no tienen nada que hacer, porque es una situación irreversible". 

(Ryszard Kapuscinski, El mundo de hoy, Anagrama, 2004, pág. 173-174)

viernes, 21 de abril de 2017

Otra exiliada

A fines de 1919, doscientos cincuenta extranjeros indeseables partieron del puerto de Nueva York, con prohibición de llegar a los Estados Unidos.
Entre ellos, marchó al exilio Emma Goldman, extranjera de alta peligrosidad, que había estado presa varias veces por oponerse al servicio militar obligatorio, por difundir métodos anticonceptivos, por organizar huelgas y por otros atentados contra la seguridad nacional.
Algunas frases de Emma:
La prostitución es el más alto triunfo del puritanismo.
¿Hay acaso algo más terrible, más criminal, que nuestra glorificada y sagrada función de la maternidad?
El Reino de los Cielos ha de ser un lugar terriblemente aburrido silos pobres de espíritu viven allí.
Si el voto cambiara algo, sería ilegal.
Cada sociedad tiene los delincuentes que merece.
Todas las guerras son guerras entre ladrones demasiado cobardes para luchar, que mandan a otros a morir por ellos.
(Eduardo Galeano, Mujeres, Siglo XXI, Madrid, 2015)


domingo, 22 de noviembre de 2015

Yo y el Otro

«El nacionalista considera a su pueblo […] como el valor supremo y a todos los demás como algo inferior (cuando no digno de desprecio). Al igual que el racismo, el nacionalismo es un instrumento de identificación y clasificación que mi Otro emplea en todas las ocasiones que se le presentan. Se trata de un instrumento primario, primitivo, que achata y superficializa la imagen del Otro, pues para el nacionalista el Otro no tiene sino un único rasgo: su adscripción a una nación. No importa si es joven o viejo, tonto o sabio, bueno o malo; sólo importa una cosa: si es armenio o turco, inglés o irlandés, marroquí o argelino. Cuando vivo en aquel mundo de nacionalismos exacerbados, no tengo nombre, ni profesión, ni edad; no soy más que un polaco. En México, los vecinos me llaman “el polaco” y en Yakustk, la azafata que me llama por megafonía grita el nombre de mi país en ruso: Polsha! […]  El rasgo más peligroso del nacionalismo es que a él va indisolublemente unido el odio hacia el Otro. La dosis de ese odio puede variar, pero su concurrencia es segura.» (Ryszard Kapuscinski, Encuentro con el Otro, Editorial Anagrama, Barcelona, 2007, pág. 91-92)


martes, 27 de octubre de 2015

martes, 8 de septiembre de 2015

"Deja de hablar y empieza a plantar"

Este es el lema de la ONG fundada por un muchachito alemán. Será cosa de niños, pero ya llevan plantados tantos millones de árboles en el mundo que la cifra abruma. El contador está en la parte superior de su web:

http://www.plant-for-the-planet.org/en/home