miércoles, 14 de noviembre de 2018

Las falsas ayudas a los inmigrantes



La inmigración es un tema candente y cada vez que se emite en algún medio de comunicación que han llegado cientos de personas a nuestras costas, no dejo de leer comentarios de personas que manifiestan su queja. ¿Sus argumentos? "Ahora les darán una paga", "ahora recibirán ayudas", "ahora les darán un piso", "nos vienen a robar el trabajo", "sólo vienen a delinquir".
Yo, como trabajadora social de profesión, involucrada, desde la perspectiva profesional como personal, en la problemática de la inmigración, no puedo dejar de indignarme hacia este tipo de información que se vierte sin control y que genera odio, desconfianza, insolidaridad, miedo, rechazo. Es por eso que me encuentro en el deber de poder dar una respuesta, desde mi experiencia profesional, a todos estos comentarios.
Con respecto a las prestaciones económicas, no existe ninguna prestación que esté destinada a dicho colectivo. Los ciudadanos únicamente pueden acceder a una prestación si cumplen los requisitos y entre ellos siempre está, el encontrarse en situación regular.
No hay pisos destinados a inmigrantes. Hay centros que acogen de forma temporal a estas personas, por uno o dos meses para dar asistencia a las necesidades básicas. Aun así, únicamente pueden pernoctar durante unos meses y el resto de tiempo, si no disponen de soporte familiar o de amistades, viven en la calle, mendigando una vida digna.
Los inmigrantes que se encuentran en nuestro país en situación irregular no nos roban el trabajo. Principalmente porque no pueden. La ley de extranjería no contempla la posibilidad de poder solicitar documentos hasta pasados mínimos tres años de empadronamiento y encontrar un trabajo de jornada completa y un año de duración.
Teniendo en cuenta que la gran mayoría de recién llegados no disponen ni de pasaporte y por tanto de padrón, no pueden regularizar su situación en muchísimos años. Así que no pueden trabajar.
De hecho, ojalá se pudiera ofrecer a estas personas que trabajen de forma legal y aporten y contribuyan al estado, en vez de dejarles a la deriva, en todos los sentidos. Solo así se evitará el auge de la economía sumergida y se trabajaría en la prevención de la delincuencia.
Todos tenemos derecho a una vida digna, independientemente de donde hayas nacido, tu color de piel o tu religión. (Irene Blázquez Merino)

Mamá de 4.500 niños




https://www.msn.com/es-es/estilo/familia/mam%C3%A1-de-4500-ni%C3%B1os/ar-BBPB4JD

miércoles, 24 de octubre de 2018

Sani Ladan



No salí de Camerún por miseria, ni por hambre. Salí porque quería estudiar, quería un futuro que en mi país no iba a poder tener. No supe que el discurso sobre los derechos humanos era una falacia hasta que me fui de mi país. Estuve dos años cruzando África hasta llegar a las costas de Europa. Dos años en los que he tenido que sortear todos los mecanismos que Europa ha implantado para externalizar su frontera. Crucé Nigeria, Niger, Argelia y Marruecos. La primera y gran dificultad fue cruzar el desierto del Sáhara. Se habla mucho de la gente que muere en el mar pero nadie habla de todos los que mueren en el desierto. No hay cifras. Sólo los que han tenido que atravesar el desierto saben de lo que estoy hablando. Éramos 4 personas, estuvimos 4 días sin comer, sin beber. Deshidratados. Sin fuerza. Al tercer día, uno de los chicos, Ibrahim, dijo que no podía más. Ya no respondía. Tuvimos que enterrarle en la arena y seguir el camino. No lo olvidaré nunca. Cuando llegué a Argelia es donde me di cuenta de que yo era diferente. Ya había salido del África negra. Ves y sientes el racismo en todas partes, en todos los pueblos por los que pasas. Y la represión policial, tanto en Argelia como en Marruecos, donde los agentes hacen de guardianes de Europa.
En Argelia dormíamos en unas grandes tuberías, como las llamábamos, por donde ya no había agua. Recuerdo una noche, durante una redada policial, en la que prendieron fuego a las dos entradas de la tubería. Estábamos dentro. El primer chico que intentó salir, tuvo quemaduras en el 80% de su cuerpo. Logramos salir de Argelia y llegamos a Marruecos. Allí estuve un año viviendo en el monte Gurugú, de un lado a otro. Intenté cruzar 3 veces a Melilla. La primera vez que llegué a los pies de la valla, se me cayó el alma a los pies. Vengo de un país en el que todos - todos - los días salen maderas, petróleos y recursos en dirección a Europa, sin ningún tipo de control. Me di cuenta entonces de que las mercancías eran más importantes que yo. Más importantes que mis compañeros. Ahí es donde me di cuenta de la gran vergüenza erigida en Ceuta y en Melilla. Una doble valla de 6 metros, con pinchos y alambres, para impedir que vengan los pobres. La última vez que lo intenté, vi cómo un joven se quedaba enganchado a la valla por las axilas y la policía marroquí, desde abajo, le tiró de las piernas. Ha sido una de las cosas más horribles que jamás he visto. Yo sólo tenía 18 años y fue en ese momento cuando decidí dejar Melilla e intentar entrar por Ceuta. Y entré nadando, en el Tarajal, donde en el 2014 “murieron” 15 personas. Murieron, oficialmente. Cuando yo llegué, años antes, la Guardia Civil nos disparaba pelotas de goma. Los disparos en la frontera siempre han existido y hay que decirlo. Yo llegué inconsciente y desperté en un hospital, a donde me había llevado la Cruz Roja. En la frontera sur hay innumerables sistemas de control. Y yo me pregunto, con todos esos mecanismos… ¿cómo nos explicamos esas muertes? Esa es la pregunta eterna que me atormenta cada día. A veces pienso que el dejar morir es un método disuasorio para que no vengan. Se habla mucho del efecto llamada y, para que no vengan, hay que dejarlos morir.
Si los muertos fueron blancos y europeos, el mundo entero temblaría. Pero son africanos y de África sólo interesan sus recursos. Mientras Europa no deje de expoliar a África, no dejarán de venir africanos. Tienen que asumirlo. No salimos por gusto a la muerte, no salimos de nuestros países porque queramos morir. Salimos sabiendo incluso lo que nos espera en la frontera sur. ¿Por qué? Porque esas guerras, esas miserias y esa pobreza está íntimamente relacionadas con explotación de los recursos de nuestro continente. Estamos en el mismo barco, pero no se están dando cuenta. Fue Europa la que quiso unir su historia a África. La que invadió el continente y se lo repartió como si sus tierras fueran trozos de tarta. Dejen a los pueblos desarrollarse sin el intervencionismo salvaje y paternalista de Occidente. Dejen de decir que hay que dar voz a África. África ya tiene voz. Déjenla en paz. Hay personas pagando miles de euros para meterse debajo de un coche y llegar a Ceuta y Melilla. Con ese dinero, cualquier europeo se paga el viaje de su vida a cualquier parte del mundo con el pasaporte que tienen. Revisen la ley de extranjería que nos persigue, que nos asfixia, y respeten los derechos humanos, que son pisoteados cada día.
Como decía Einstein, el mundo no será destruido por los que hacen el mal sino por aquellos que los miran sin hacer nada.”

Para saber más: https://www.elplural.com/politica/mi-vida-en-los-cies-meses-de-continuas-torturas-psicologicas-que-prefiero-no-recordar_117009102

Hans Rosling


http://www.rtve.es/alacarta/videos/redes/redes-30-05-10-desmontando-mitos-sobre-mundo/786197/

viernes, 23 de marzo de 2018

Estoy cansada de toda esta mierda

«Tengo quince años y siento que las niñas de mi edad están bajo una gran presión que los chicos no tienen. Sé que soy inteligente, sé que soy amable y divertida, y sé que todos los que me rodean no dejan de decirme que puedo ser lo que quiera. Sé todo esto, pero la verdad es que no me siento así. Siempre siento que si mi aspecto físico no es el que debería ser, si los chicos no piensan que soy sexy o que estoy buena, entonces habré fracasado y ni siquiera importará si soy médica o escritora, porque seguiré sintiéndome un cero a la izquierda. Odio sentirme así porque me hace parecer superficial, pero sé que todas mis amigas se sienten así, incluso mi hermana pequeña. Siento que a las mujeres triunfadoras solo se las considera así si son triunfadoras y además tías buenas, y me preocupa constantemente no poder llegar a serlo. ¿Y si mis tetas no crecen? ¿Y si no tengo un cuerpo perfecto? ¿Y si mis caderas no se ensanchan para que me quede una cinturita? Si no pasa ninguna de estas cosas, no le veo el sentido a hacer nada porque no seré más que la chica gorda y fea, independientemente de si al final soy médica o no.
Desearía que la gente pensara en cómo está presionando a todo el mundo, no solo a las adolescentes, sino incluso a gente más mayor… Cada día veo a mi madre destrozar su cuerpo porque tiene las tetas caídas y la piel arrugada, se siente fea a pesar de que es una mujer increíble, pero de todas formas siento que no puedo juzgarla porque yo me estoy haciendo lo mismo. Ojalá que la gente que tiene de verdad el poder y que controla las imágenes y los mensajes que recibimos a cualquier hora del día, realmente pensara por una vez en lo que hacen.
Sé que las chicas de la Página 3 [página del tabloide británico de 'The Sun' que muestra a modelos femeninas semidesnudas] probablemente se maten de hambre. Sé que las chicas de los anuncios están retocadas. Sé que la belleza está en el interior. Pero, aun así, siento que no soy lo bastante buena.»

«Estoy harta de volver caminando de la universidad a casa a las seis de la tarde y que me acosen todos los días, desde gente que te grita cosas o te dice por gestos que le hagas una mamada desde el coche, porque piensan que son graciosos o que debería sentirme halagada, a gente que hace ruidos de besos por la calle al pasar, o que me grita “puta” o “enséñame las tetas”. ¿Halagador? ¿Cómo podría serlo? Cada vez que camino hacia casa estoy a punto de echarme a llorar.Cuando voy a una discoteca, independientemente de si llevo algo discreto o algo que la sociedad considere que es de “guarra”, alguien me agarrará y pensará que lo encuentro atractivo por haberlo hecho, o que debería tomármelo como un cumplido. Me acabo sintiendo violada, y como si la culpa fuese mía. ¿Por qué habría de ser mi culpa? ¿Porque soy una mujer? ¿Por cómo voy vestida? ¿Porque debería esperármelo?
Estoy cansada de que mis opiniones pierdan autoridad a causa de mi género. Estoy cansada de que un hombre me explique que estoy exagerando, cuando él no tiene ni idea de lo que se siente. Estoy cansada de que, cuando algo me molesta, me digan que soy una zorra prepotente, o que debo tener la regla. Estoy cansada de que me llamen puta porque tengo relaciones sexuales o porque no las tengo y rechazo las insinuaciones de algún hombre en una discoteca. Estoy harta de tener que vigilar mi comportamiento, lo que visto, lo que bebo, dónde voy y tener que ser sumamente cuidadosa para evitar acosos o situaciones peores, puesto que van a ocurrir haga lo que haga. Estoy harta de ver cómo echan la culpa a las mujeres que han sido violadas, que deberían haberlo visto venir, que no deberían haber bebido tanto, que no deberían haber ido así vestidas, que lo podían haber prevenido, que no gritaron lo suficiente, que no batallaron lo bastante fuerte.
¿Cómo puedo creer a la gente que dice que las mujeres tienen los mismos derechos cuando el peor insulto que se le puede hacer a un hombre es llamarle mujer, femenino, coñito, niñita, conchudo, que necesita “ser un hombre”…, la lista es interminable. Mi género no es un insulto. Estoy cansada de toda esta mierda.»

«Cuando era adolescente probablemente hice un montón de comentarios sexistas. Recuerdo hacer y reírme de chistes sobre violaciones. Al echar la vista atrás, me doy cuenta de que era aborrecible y de que al hacerlo permitía que la cultura de las violaciones causara estragos. No fui a una universidad normal, sino a una escuela de cine canadiense, donde tuve el honor de conocer a un grupo de mujeres procedentes de todas partes del mundo que me ayudaron y me convirtieron en mejor persona. A medida que me acercaba a estas mujeres como amigo, escuché muchísimas historias no solo de acoso sexual, sino de agresión. Me hervía la sangre, pero me hicieron darme cuenta de que yo formaba parte de aquella cultura. Quería ser parte de la solución; el padre que le dice a su hijo “no violes” en vez de hacer que la responsabilidad recaiga en las mujeres. Poco a poco fui accediendo al pensamiento feminista y ahora puedo decir con orgullo que soy feminista.»

(Testimonios recogidos por Laura Bates en su libro Sexismo cotidiano, Capitán Swing Libros. Laura Bates es una periodista y escritora británica, activista feminista y creadora de la página web Everyday Sexism Project)

lunes, 7 de agosto de 2017

Los justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


Jorge Luis Borges, La cifra, 1981



miércoles, 12 de julio de 2017

Una situación irreversible


"El movimiento migratorio hacia Europa se produce en un momento en el que el viejo continente más lo necesita. En primer lugar, porque la población europea (llamémosla histórica, tradicional, autóctona) constituye un porcentaje ínfimo de la Tierra, y, además, la curva demográfica no para de descender. Si Europa pretende mantener su estatus de continente líder, tiene que competir con otras partes del mundo, que disponen de tecnologías punta, eficaces y altamente rentables. Y dentro de este panorama, tenemos una Europa que no sólo "se encoge", por así decirlo, sino que también envejece a marchas forzadas. En vista de ello, si quiere mantenerse en su tradicional puesto de líder en el ámbito industrial, agrícola y de servicios, tiene que importar mano de obra. Una mano de obra joven y capaz. Ésta es la condición de su supervivencia en el siglo XXI. Los movimientos derechistas xenófobos y neonazis no comprenden que, en su guerra contra la inmigración, "cortan la rama" (como se dice en polaco) sobre la que se sostiene su existencia. También ellos tendrán que comprender que sin esa inyección constante de mano de obra joven Europa no será capaz de competir con otras partes del mundo, tecnológica y demográficamente desarrolladas. De manera que asistimos aquí a una coincidencia de dos necesidades, ambas perentorias: la europea de importar mano de obra y la del Tercer Mundo, obligado a prescindir de su gente más audaz y dinámica, porque sus atrasadas economías son incapaces de emplearla. De modo que esos jóvenes no tienen más remedio que emigrar, y Europa, para satisfacer sus necesidades objetivas, no tiene más remedio que aceptarlos. Incluso debería recibirlos con los brazos abiertos. Así que todos esos movimientos que combaten encarnizadamente la inmigración sólo demuestran que sus militantes y partidarios no tienen ni la menor idea del mundo en que viven. Su actitud (y actuación) va dirigida contra los intereses de las sociedades que dicen defender. Por más que griten, a la larga no tienen nada que hacer, porque es una situación irreversible". 

(Ryszard Kapuscinski, El mundo de hoy, Anagrama, 2004, pág. 173-174)